Aída, Sabina… del amor y la muerte.

El viernes pasado fui a ver la ópera Aída al Palau de les Arts y me emocioné. Aunque no entienda yo mucho de si la soprano era lo suficientemente buena o de si la orquesta lo hizo lo mejor posible, sí que sé que el conjunto sonaba genial, y que el montaje no me defraudó, especialmente en los dos primeros actos tan espectaculares, con un ballet impresionante, el coro y todos los cantantes sobre el escenario. De hecho, me di cuenta de que había trozos que mi memoria se sabía aunque yo no lo creyera (es lo que tiene haberse criado con tanta música clásica que no llego a diferenciarla hasta que no la vuelvo a oír). Pero más allá de la espectacularidad de la ópera y de las áreas más o menos conocidas, con saltos de Lorin Maazel incluidos en la que será una de las últimas producciones que dirija -por cierto, estaba casi encima de él y si hubiera tenido mi cámara con el teleobjetivo habría hecho fotos muy chulas-, lo que me conmocionó más de lo esperado fue la historia, a pesar de que ya sabía lo que sucedía.

De las historias de patria, amor y muerte, Aída es una de las más conocidas y repetidas. La decisión que toma ella de morir con él cuando es condenado a ser enterrado vivo por culpa de una traición que ella le ha incitado a cometer por amor a su patria es, cuanto menos, bastante dramática pero también surrealista en los tiempos que corren. Sin embargo, yo me emocioné como una tonta mientras el mitad del dueto final era interrumpido por una música mucho más moderna. Sabina vino a mi cabeza con la que es una de mis canciones favoritas: Y morirme contigo si me matas, y matarme contigo si te mueres… porque el amor cuando no muere mata, porque amores que matan nunca mueren. Sensiblona que estoy. Mejor dicho, que soy. Hasta el punto de no sólo ser dramática sino de no ser capaz de hacer caso a Sabina y cambiarle su canción…

Yo SÍ quiero un amor civilizado,
con recibos y escena del sofá;
yo no quiero que viajes al pasado
y vuelvas del mercado
con ganas de llorar.

Yo no quiero vecinas con pucheros;
yo SÍ quiero sembrar Y compartir;
yo SÍ quiero catorce de febrero
Y cumpleaños feliz.

Yo no quiero cargar con tus maletas;
yo no quiero que elijas mi champú;
yo no quiero mudarme de planeta,
cortarme la coleta,
brindar a tu salud.

Yo SÍ quiero domingos por la tarde;
yo SÍ quiero columpio en el jardín;
lo que yo quiero, corazón cobarde,
es que mueras por mí…

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Mariola dice:

    tio Ada, precisament sta vesprà tenia eixa cansó en el cap!! jeje

  2. Elena dice:

    porque el amor cuando no muere mata, porque amores que matan nunca mueren…pq escriura este home estes lletres? i pq tindrá tanta raó?….i sensiblona q estic jo tmb….o soc? ja tampoc ho se!jajajajaj

    menuda història la de Aída, no?

    Igual morir per amor és més fàcil. Igual si no mors d’amor vius infeliç tota la vida…qui sap?

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